DOMAINE FERRET Pouilly Fuisse 2022
El Domaine J.-A. Ferret Pouilly-Fuissé 2022 es el vino emblemático de la propiedad y busca representar, en una sola cuvée, la diversidad de los terroirs de Fuissé. Procede de un ensamblaje de numerosas parcelas situadas alrededor del anfiteatro natural de Fuissé, combinando suelos arcillosos, calcáreos y de origen granítico.
Las viñas tienen una edad media aproximada de 40 años, aunque algunas superan ampliamente los 60-70 años. Una de las parcelas históricas, Les Vernays, fue plantada en 1955 y ha servido como fuente para la selección masal del domaine.
La complejidad del vino procede en buena medida de la diversidad geológica de Fuissé. En esta cuvée encontramos aproximadamente 50 % de suelos arcillo-calcáreos poco profundos, 30 % de arcillas más profundas y 20 % de esquistos, arenas vulcano-sedimentarias y tobas riolíticas. La arcilla aporta volumen y redondez; los terrenos graníticos, delicadeza; y la caliza, tensión y el característico componente salino.
2022 fue una añada cálida y seca en esta zona de Borgoña. La vendimia comenzó el 22 de agosto y se prolongó durante diez días. Domaine Ferret señala que las uvas fueron recogidas en un punto óptimo de madurez, consiguiendo mantener equilibrio y frescura a pesar del carácter solar de la cosecha.
Las diferentes parcelas se trabajan por separado. En el 2022, los componentes procedentes de terrenos graníticos fueron vinificados principalmente en depósito, mientras que los procedentes de margas, arcillas y calizas utilizaron barrica. La crianza se prolongó aproximadamente 10 meses en barrica o depósito, seguida de unos 8 meses adicionales en depósito, buscando recuperar tensión y frescura antes del ensamblaje.
El resultado no es un Chardonnay marcado principalmente por la madera, sino un vino en el que ésta aporta textura, amplitud y complejidad sin ocultar la fruta ni el carácter mineral.
Frente a un Chablis, ofrece generalmente más cuerpo, madurez y textura, aunque este Domaine Ferret mantiene suficiente tensión para no caer en un estilo excesivamente opulento.
Aunque ya puede beberse, el 2022 tiene estructura suficiente para evolucionar. Wine Spectator sitúa su ventana de consumo hasta aproximadamente 2030.
En una frase: un Chardonnay borgoñón amplio pero preciso, con melocotón, pera y cítricos, almendra fresca, textura cremosa, fina crianza y una marcada mineralidad calcárea y salina que aporta frescura y longitud.