Terroir Històric es un blanco austero, serio y con mucha personalidad. Todo un descubrimiento.
Terroir Històric Blanc 2018 es un vino blanco elaborado por Terroir al Límit en la DOQ Priorat, concebido para expresar la identidad histórica y colectiva de los nueve pueblos tradicionales de la comarca. Este proyecto recupera la tradición de los antiguos vinos del Priorat mediante una elaboración artesanal y de mínima intervención, ofreciendo una interpretación auténtica del paisaje, los suelos y las variedades autóctonas de la región.
Las uvas proceden de viñas viejas de entre 35 y 50 años, distribuidas entre los nueve pueblos históricos del Priorat: Bellmunt del Priorat, Gratallops, El Lloar, Escaladei, Poboleda, Porrera, Torroja del Priorat, La Vilella Alta y La Vilella Baixa.
Los viñedos se encuentran entre 350 y 800 metros de altitud sobre una diversidad de suelos compuestos por licorella (pizarra), arcilla, granito y terrazas aluviales, aportando al vino una gran complejidad mineral y una marcada identidad territorial.
La vendimia se realiza manualmente, utilizando pequeñas cajas de 12 kg para preservar la integridad de la uva.
La vinificación recupera un método tradicional del Priorat anterior a la industrialización. Los racimos enteros se introducen en depósitos de hormigón, donde son ligeramente pisados. La fermentación comienza de forma espontánea gracias a las levaduras autóctonas presentes en la propia uva. Durante el proceso se interviene lo mínimo posible, sin remontados ni bazuqueos.
El vino realiza una maceración con las pieles, elaborándose al estilo tradicional conocido como brisat, lo que aporta mayor estructura, complejidad y ligeros matices oxidativos. Tras un prensado suave en prensa neumática horizontal, el vino permanece seis meses en depósitos de hormigón, sin influencia de la madera, preservando toda la pureza de la fruta y del terroir.
Terroir Històric Blanc 2018 es un vino de gran autenticidad que recupera la tradición de los antiguos brisats del Priorat con una visión contemporánea. Fresco, mineral y profundamente gastronómico, combina la intensidad de la Garnacha Blanca con la frescura del Macabeo, ofreciendo una expresión pura del paisaje prioratino. La ausencia de madera y la crianza exclusiva en hormigón permiten que la fruta, el suelo y la identidad del territorio sean los auténticos protagonistas.